Humedad y moho en casa en invierno: cómo evitar la condensación sin gastar

Una casa caliente y cerrada, con gente respirando, cocinando, duchándose y secando ropa, acumula humedad. Cuando ese aire húmedo toca una superficie fría (un cristal, una pared que da a la calle, una esquina detrás de un armario), el agua se condensa. Si se repite cada día, aparece el moho.

Qué humedad es la buena

El IDAE recomienda mantener una humedad relativa de entre el 40 y el 50 %. Un termómetro con higrómetro cuesta poco y te dice la verdad de cada habitación.

Cinco cosas que funcionan sin gastar

  1. Ventila cada día, poco y fuerte: 5 a 10 minutos con las ventanas bien abiertas, mejor a media mañana. Renueva el aire húmedo y pierde menos calor que dejar una rendija abierta todo el día.
  2. Tiende la ropa con cabeza: en la estancia más ventilada, o en el baño con la puerta cerrada y la ventana entreabierta. Nunca encima de radiadores o calefactores eléctricos.
  3. Cocina con tapa y con la campana encendida.
  4. Separa los muebles unos centímetros de las paredes exteriores para que circule el aire.
  5. Baño cerrado mientras te duchas y ventila justo después.

Cuándo plantearte un deshumidificador

Si la humedad pasa del 60 % de forma habitual o ves gotas en los cristales cada mañana aunque ventiles, un deshumidificador puede ayudar, sobre todo en dormitorios o bajos.

Lo que no hay que hacer

  • Tapar las rejillas de ventilación, sobre todo si tienes aparatos de gas.
  • Pintar encima del moho sin limpiarlo antes: vuelve a salir.
  • Subir la calefacción para «secar» la casa sin ventilar: gastas más y el agua sigue ahí.

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